“El ángel del Señor anunció a María…”
El 25 de marzo el calendario litúrgico nos indica la Solemnidad de la Anunciación. El evangelista Lucas nos narra que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una virgen, desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David. Esta joven virgen se llamaba María. Aquel saludo transformó la vida de esta jovencita y se convirtió para ella en un encuentro transformante: sería la Madre del Salvador.
Contemplar las págias del evangelio de Lucas, específicamente el texto de la anunción (Lc 1, 26-38) nos llena de admiración y de esperanza y nos coloca frente a la vocación de María. Nos admiramos de que Dios, para llevar adelante su misión, cuenta con la disponibilidad de las personas, en este caso de María. Para este “anuncio” que cambió el rirmo de la historia Dios se sirve de sus ángeles (Gabriel). María responde al saludo y al anuncio del ángel Gabriel con un SI lleno de confianza, un SI inteligente un SI que la hace grande a los ojos de Dios.
Para descubrir tu vocación y ser fiel a ella recuerda este texto del evangelio, considera las palabras de María y no olvides que Dios, aún para anunciar a la Virgen María que sería la madre de Jesús se sirvió de ángeles, de servidores, de mediadores. Tambíén hoy, para indicarte el proyecto que El tiene para ti,. Dios tiene mediadores. Como María dale a Dios un SI generoso, alegre y lleno de fe. De este modo tu también -como ella- serás portador de buenas noticias.-
This entry was posted on Martes, Marzo 24th, 2009 at 14:24 and is filed under General. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

Junio 3rd, 2009 at 20:15
Una pregunta, ¿Cómo reacciona María,luego de qué el Ángel se aleja?, Por favor:respondanmela.
Desde ya muchas gracias.
Junio 4th, 2009 at 5:08
En el evangelio de San Lucas se nos dice que “en aquellos días, se puso en camino María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá, entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel” (Lc 1,39). La reacción de María luego que la deja el Angel la podemos sintetizar de esta manera:
1. María ha recibido un anuncio, un mensaje, y como parte del contenido de este mensaje se le dice su pariente Isabel ha concebido un hijo en la vejez, y está en el sexto mes de embarazo. María no duda en ponerse en marcha para visitar a Isabel. Es entonces cuando María se traslada desde Nazareth hasta Ain Karem, aldea donde vivían Zaracarías e Isabel. Encontramos a María que se queda con Isabel unos tres meses (Lc 1,56). Es decir, María regresa a su casa aproximadamente cuando Isabel da a luz a su hijo Juan el Bautista.
2. María escuchó que el Angel le dijo que “para Dios nada hay imposible”. Por lo que creyó a estas palabras y a la promesa de Dios de que sería Madre del Salvador, y todo esto en unas circunstancias muy particulares: por obra y gracia del Espíritu Santo.
3. María era prometida esposa de José. El evangelio nos dice que María durante el anuncia del Angel le pregunta “¿Cómo será esto, pues no conozco varón?”. El evangelio de San Mateo nos dice que el Señor revela a José el misterio de la encarnación, es decir, el cómo María estaba embarazada antes de que convivieran juntos. Durante la anunciación María interpela al Angel sobre este particular, pero luego de recibir las oportunas respuestas ella dice “hágase en mi según tus palabra” (Lc 1,38). De acá podemos deducir que María, a pesar de conocer las consecuencias sociales de su embarazo, cree en el mensaje que ha recibido, no solo cree en Dios, sino que le cree a Dios, para quien nada hay imposible.
4. Por último, sin ánimo de caer en vanalidades ni mucho menos, podemos imaginarnos que la reacción de María fue la de toda mujer que espera un hijo, y lo hace con alegría e ilusión. Para María esto fue aún mucho más trascendental porque ella sabía bien, quién esa criatura que estaba en su vientre. Imagínate a María en sus quehaceres domésticos, pero cuindado se no caerse, pendiente al futuro de este hijo, en fin: imaginate a María con la misma -o mayor- ilusión con que nuestras mismas madres esperaron nuestro nacimiento.
Dios te bendiga!