La Espiritualidad Salesiana Tiene Su Fuente En La Pascua

Jueves, 30 Abril 2015 00:33

Juan Linares

Hablar de espiritualidad es un tema verdaderamente apasionante.

La dimensión espiritual es fundamental en la vida humana, pues la vida cuando está llena de espiritualidad tiene garantía de calidad y tiene el dinamismo necesario para alcanzar su realización.

Los que navegamos en la espiritualidad salesiana, sabemos que, por su naturaleza, es eminentemente pastoral y juvenil. Esta espiritualidad se vive entrando en el “espacio oratoriano”. El Oratorio es el “lugar” donde todo el que penetra queda empapado por este tipo de dinámica espiritual.

Pero la Espiritualidad Salesiana es eminentemente Pascual. Toda “vida nueva” nace de la Pascua y por tanto todo acontecer de la vida nueva tiene esta dimensión.

Recordemos que el inicio del Oratorio, en Valdocco, sucede, precisamente, en el domingo de Pascua del 1846. Don Bosco lo narra así en las “Memorias del Oratorio”: “No busqué más. Corrí enseguida con los jóvenes; los reuní a mi alrededor y me puse a gritar con voz potente: ‘Ánimo, hijos míos, ya tenemos un Oratorio más estable que en el pasado; tendremos iglesia, sacristía, locales para clases y terreno de juego. El domingo, el domingo iremos al nuevo Oratorio que se encuentra allá en casa Pinardi (...) Al domingo siguiente, solemnidad de Pascua, 12 de abril, trasladamos todos los enseres de la iglesia y los juegos, para tomar posesión del nuevo local”.

Cada hecho de la historia salesiana tiene esta marca tan significativa. Comprobémoslo contemplando la imagen de Cristo Resucitado con sus brazos abiertos que, en el altar del templo de Don Bosco de I Becchi, llena del espíritu del Resucitado a todo el que entra en él. De la misma manera sus paredes están adornadas con un “Via Lucis” que nos provoca y nos hace recorrer ese maravilloso camino en el que se produce el milagro del encuentro con el Resucitado.

Es por esto que el corazón oratoriano está siempre ardiendo como el de los discípulos de Emaús, especialmente al escuchar las Escrituras, al Partir el Pan y al ir al encuentro para anunciar a Jesucristo a los muchachos pobres, abandonados y en peligro.

Nuestra espiritualidad tiene como punto de partida el buscar la gloria de Dios y la salvación de la juventud, siendo portadores del amor de Dios, en la vida de cada día y teniendo como meta la santidad.

Recordemos cuáles son las características de esta espiritualidad:

Espiritualidad Juvenil Salesiana.

Su primera característica es ser juvenil. La espiritualidad salesiana es la base del Movimiento Juvenil Salesiano, provocando en los jóvenes un protagonismo espiritual y apostólico. Don Bosco lo comprobó y por eso escribió la vida de Miguel Magone, de Domingo Savio y de Francisco Besucco demostrando que esta espiritualidad se puede vivir y está totalmente adecuada a los jóvenes y que se vive y experimenta con y para los jóvenes. Por este motivo el Movimiento Juvenil Salesiano es un don y un compromiso para toda la Familia Salesiana. Y no es para menos porque el Cristo Resucitado es el Eternamente Joven.

Esta espiritualidad hace realidad el encuentro con Dios en la vida de cada día.

Para ser santo basta hacer bien lo que se tiene que hacer. Esta característica es la mejor manera de vivir el Misterio de la Encarnación y desmontar todo andamiaje del que quiere ser santo a lo “angelical” o a lo “superman”. Aquí se orienta la propia vida como un proyecto vocacional en lo cotidiano. El Resucitado hace de cada realidad humana una presencia de salvación.

Una espiritualidad pascual de la alegría y el optimismo.

La alegría es la expresión más noble de la felicidad y, unida a la fiesta y a la esperanza, es característica de la espiritualidad salesiana. “Nosotros hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres”. El Cristo Resucitado es la fuente de la verdadera alegría por lo que nuestra vida es una continua fiesta.

Una espiritualidad de amistad y confianza con Jesús.

El centro de nuestra vida está en Jesús, pues Él es nuestro amigo, nuestro maestro y nuestro salvador. El Cristo Resucitado lo inunda todo y nos lleva a vivir el espíritu de las bienaventuranzas, identificándonos con su persona y con su causa. Este es el lugar donde nace en nosotros un corazón nuevo.

Una espiritualidad de comunión eclesial.

El amor a la Iglesia y al Papa son nuestras características. La Iglesia es comunión espiritual y comunidad que se hace visible a través de gestos y convergencias concretas. Partiendo del bautismo la pedagogía de Don Bosco proyecta dos pilares educativos fundamentales, la Reconciliación y la Eucaristía. Y en María Auxiliadora tenemos la madre y maestra de nuestra espiritualidad.

Una espiritualidad del servicio responsable.

Nuestra espiritualidad es apostólica. Se trata de una permanente actitud de servicio. Somos colaboradores de Dios en su misión mediante la entrega, fidelidad, confianza y disponibilidad total. Promover la dignidad y los derechos; favorecer la solidaridad especialmente con los pobres; promover la justicia y la paz; testimoniar la propia fe en el compromiso por el Reino.

Que la Espiritualidad Salesiana ponga a arder nuestro corazón y que sintamos la alegría y el optimismo ante la energía que el Resucitado infunde en nuestro interior.

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