Padres que son víctimas de sus hijos.

Jueves, 30 Abril 2015 00:35

La violencia de los hijos sobre los padres

Humberto Bravo

Una señora de unos 35 años estaba sentada en la sala de su casa mientras discutía fuertemente con su hijo de 13 años tratando de hacerle entender que tenía que regresar más temprano a la casa. La discusión se tornaba cada vez más violenta. Ella alzaba la voz mientras el adolescente gesticulaba cada vez más tratando de imponerse como juez del asunto. A un cierto punto el chico tomó un clavo que usaban para cerrar la puerta de la casa y se la lanzó a la madre que en ese momento la agarró imprevista hiriéndola en la frente.

Este caso como otros más son la prueba del aumento que ha tenido este fenómeno de la violencia de los hijos sobre los padres en los últimos años. Muchas veces me toca decir que los padres de hoy en día son una generación de “personas obedientes” porque cuendo eran pequeños obedecían a sus padres y ahora que son padres obedecen a los hijos. Los hijos se presentan hoy como los protagonistas de la disciplina familiar. Muchas veces me toca escuchar a los padres acá en Europa decir “yo no lo obligo. Que haga lo que realmente siente”. Si fuera una manifestación de desarrollo de la autonomía sería un èxito! Pero muchas veces detrás de estas palabras se esconde una impotencia de los padres a establecer normas de disciplina en la convivencia familiar. Esto denota que las generaciones de padres de hoy en día son generaciones frágiles (ovbiamente con las debidas excepciones).

En la sociedad en la que vivimos donde “todo como posible” y ante la figura parentales que temen imponer normas y reglas con tal de no perder la cercanía de los hijos, o por miedo a aparentar ser rígido o ser visto como el “malo de la película” se cuela la oportunidad de la omnipotencia de una generación que no ha experimentado la autoridad. En conexión con este fenómeno tenemos la actual ausencia de la figura paterna en la educación de los hijos.

En otros tiempos se hablaba de la crisis de edipo refiriéndose al término usado por Freud para explicar el momento crucial del desarrollo donde los niños en la etrapa fálica ven al progenitor del mismo sexo con sentimientos de hostilidad. Sin embargo en esta generación habría que hablar no de la crisis de edipo sino de la crisis de Layo (que en la mitología griega es el padre de Edipo). La crisis de la paternidad reside en el miedo de los padres a la reacción de los hijos. Ante este miedo los padres establecen una especie de alianza débil y poco eficaz para tratar de “conquistar” la aprobación de los hijos.

En estos casos de violencia de parte de los hijos hay que evitar la “reactividad” que está relacionada con todas las emociones que sienten los padres que luchan con los desafíos y provocaciones de sus hijos: por ejemplo: la ira, el miedo, el dolor, la culpa. Cuando un padre, sobre la base de estas emociones, pierde los estribos antes de la conducta del hijo, no hace más que alimentar la reacción que lleva a los conflictos y en algunos casos la violencia.

Para que un padre pueda sentir una mayor sensación de control y autoridad, es necesario pasar de una posición de reactividad a una de pro-actividad. O sea, evitar reaccionar, o gritar, amenazan o predicar en el momento de la “batalla”, y pasar a intervenir cuando el conflicto se ha “enfriado”. Esta intervención tiene un potente poder reflexivo y educativo. En otras palabras, la reacción se detiene para enfriar la situación y para actuar con un objetivo focal en un momento posterior.

En definitiva, aprender a reconocer cómo reaccionamos frente a un encuentro con nuestro hijo y qué emociones nos mandan en picada y, más tarde, poner en práctica una intervención proactiva, son los primeros pasos que le permiten a la pareja parental recuperar la autoridad requerida por su posición en la jerarquía familiar. En una palabra: volver a ser padres.

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