La Voz del inspector

Jueves, 30 Abril 2015 00:52

Por: P. Francisco Batista (P. Pancho)

Queridos hermanos en Don Bosco:

Este año 2015 es un año de muchas expectativas que nos llenan de ilusiones y esperanzas. Un año lleno de desafíos y retos que hemos de convertirlos en oportunidades para renovarnos en la fe, llenos de esperanzas  ejercitándonos en la caridad.

Estamos celebrando el año de la vida consagrada, y para los hijos de Don Bosco, nos regocijamos al celebrar  el bicentenario de su nacimiento.

Además nos motiva el llamado del Papa Francisco a la conversión personal en la experiencia grupal, en la asociación, en las comunidades  y en la vida familiar, para que mediante ella cambiemos nuestro corazón y poder decirle no a la indiferencia.

Corresponde a cada uno de nosotros, como buenos hijos de Don Bosco, escuchar con atención solícita  esta invitación ; y escrutar desde nuestra espiritualidad salesiana cómo hacer realidad este llamado de nuestro pastor.

Agradecidos de Dios, que nos ha dado en Don Bosco una espiritualidad, un estilo, un carisma, recordamos con gratitud nuestro pasado colmado de originalidad carismática. Memorizando nuestros orígenes  notamos que Don Bosco, en su humilde familia en I vecchi, aprendió a estar atento a las enseñanzas de su madre Margarita. Al ser obediente, aprendió también a poner atención a la palabra de Dios al escuchar las meditaciones de los predicadores que misionaban en la parroquia de su pueblo y en el compartir el pan de cada día en la mesa de la cocina de su casa, asimiló la práctica de la caridad fraterna.

De joven  estudiante en el seminario de chieri, conoció y ahondó en su alma algunos aspectos más significativos de las espiritualidades  enseñada de su tiempo. De ellas asimiló los aspectos que empatizaban con su esencia vital y que le habían marcado desde su niñez.

Don Bosco hizo propio las ideas y pensamientos que le enriquecieron y con ellos forja su identidad carismática que se convierte en  una espiritualidad, la espiritualidad salesiana. Esta  si define como “un cúmulo  de experiencias en su vivir diario  con un objetivo marcado   permanente;  “he prometido que hasta mi último aliento  de mi vida será para mis queridos jóvenes”.  También esta otra máxima de su vida: “me basta que sean jóvenes para amarles”; como esta otra, “ aquí entre ustedes me siento bien”. Y con la mirada puesta en el cielo, define la finalidad trascendente de toda su misión entre los jóvenes “da mihi animas, coetera tolle”.

Queridos amigos, este año, rico en propuestas, de exigencias, desafíos y necesidades, debemos encarnarnos y contextualizarnos  con sentido crítico (como Jesús en el misterio de la encarnación), desde ahí poder formular las preguntas : ¿Cómo podemos hacernos eco  del llamado del Papa Francisco en su mensaje cuaresmal de renovarnos desde la conversión  para cambiar nuestro corazón? ¿Cómo haremos para ser fieles a Dios, en la iglesia, a Do Bosco en su bicentenario?

Renovemos nuestro corazón quitando el corazón de piedra, que con frecuencia mostramos por las deficiencias que se crecen en nuestro interior. No seamos  “a – cardos” en medio de las gentes y aprendamos de Jesús  a tener un corazón de carne para estar atentos a las necesidades y al sufrimiento ajeno, especialmente de los jóvenes. Salgamos a su encuentro para estarles cercanos y poder darles una mano amiga y de ayuda. Cuando arranquemos la dureza de nuestro corazón, la sangre de la bondad y la amabilidad fluirá  suave y serena y nos acercaremos con  la caridad pastoral, los buscaremos y no descansaremos hasta lograr mover sus corazones hacia el encuentro de Jesús que vive entre nosotros, así también ellos cambiaran sus corazones.

Entonces así, solo  así estaremos diciendo no a la indiferencia, con nuestro carisma, por amor a Jesús, en la iglesia con los jóvenes y para los jóvenes como lo hizo Don Bosco, bajo el auxilio de nuestra Madre María.

Dios les bendiga siempre. Don Bosco y María auxiliadora les protejan. 

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