Escenario digital, el desafío de la dualidad

Viernes, 07 Agosto 2015 22:25

Distinguidos lectores del Boletín Salesiano:

El presente artículo, “escenario digital, el desafío de la dualidad”, es el primero de otra serie de artículos que les ofreceré bajo el tema: “Redes sociales y personalidad”. Tengo la firme convicción de que en el Social Media se trata mucho más de sociología y de psicología que de tecnología”.

La serie persigue entre otras cosas: concienciar sobre posibles mitos y prejuicios que se han generado en torno a las redes sociales y su incidencia en el ámbito educativo, familiar y comunitario.

“Las Redes son formas de interacción social, definida como un intercambio dinámico entre personas, grupos e instituciones en contextos de complejidad. Un sistema abierto y en construcción permanente que involucra a conjuntos que se identifican en las mismas necesidades y problemáticas y que se organizan para potenciar sus recursos”.La Red es una especie de tejido, a través de la cual se expresa nuestra identidad, estatus social, deseos y necesidades. El desafío, pues, no es cómo usar correctamente la Red, como se cree con frecuencia, sino como vivir mejor en el tiempo de la Red. Obviamente, lo anteriormente afirmado no excluye un buen nivel de conocimiento y uso de la Red, sino que lo supone.

Antes de adentrarnos en el tema en cuestión he de advertir al lector que la formación de quien escribe no es en el ámbito de las ciencias de la comunicación, sino de la teología espiritual, de la psicología y de la terapia familiar, aunque debo reconocer que la comunicación me apasiona. Mis observaciones, consideraciones, análisis y propuestas tienen como base tal marco formativo y la confrontación con estudios sobre el tema de las redes sociales y de la comunicación en general. 

Las posturas ante la realidad de la Red son muy variadas y opuestas, desde el pesimismo digital: lugar de dobles, sustituto de la realidad y de la relación; al optimismo digital un tanto ingenuo: todas las voces tiene igual derecho e igual valor, donde prevalece la lógica del intercambio ente iguales y del don.

Además, en relación a la web se han asumido al menos tres tipos de comportamientos que crean confusión y no contribuyen a la verdad. Así lo sostiene la socióloga, comunicadora y docente de la Universidad Católica de Milán, Chiara Giaccardi, en su artículo “Repensar lo real en la época del digital”. Me refiero al “determinismo tecnológico”, al “dualismo digital” y a la “brecha generacional”. Explico brevemente  cada uno de estos conceptos.

Hay quienes afirman que: “entrar a la web es peligroso”, “es perder el tiempo”, “esclaviza”, “nos hace estúpidos” o “contribuye a desarrollar la inteligencia”. Este tipo de afirmaciones fáciles y llenas de prejuicios dan pié a lo que se designa como “determinismo tecnológico”. La web no “nos hace” ni estúpidos ni inteligentes, ni esclavos ni revolucionario; atribuir a la tecnología estos poderes significa, en último término, negar la libertad, y sobre todo, la responsabilidad a la persona. Otro prejuicio poderoso es afirmar que la tecnología tiene efectos potentes y que es la responsable de una serie de transformaciones y del debilitamiento de la primavera árabe, de las relaciones interpersonales, familiares y comunitarias. La tecnología no nos hace ni estúpidos ni sociables, no produce revoluciones, no debilita nuestras relaciones. Se ha de reconocer que la tecnología no nos “hace”, somos nosotros quienes nos “hacemos” en un ambiente híper tecnológico.

Culpabilizar a otros de nuestros males no nos hace mejores. “Dejar de culpar a los demás es el primer paso para ser adulto” porque "cada uno es artífice de su ventura".

Ciertamente el ambiente de las tecnologías no es neutro, como cualquier ambiente, presenta riesgos, oportunidades y nuevos desafíos. Esto tiene que ver mucho con la libertad, la responsabilidad y el compromiso de la persona. La clave está en educar y hacer dialogar tanto a los “nativos digitales”,  como a los “emigrantes digitales” al buen uso de la libertad y de la responsabilidad. Pero también, al segmento de la población que no está comprendido en estos dos grupos, es decir a los hijos de Gutenberg, para que conozcan y valoren el mundo digital.

Algunos consideran que la única y verdadera relación solo se puede establecer cara a cara, que la relación “virtual” favorece una identidad ficticia y relaciones superficiales y funcionales. Consideran que lo “virtual” es sinónimo de inauténtico. Por experiencia sabemos también que las relaciones cara a cara también pueden ser inauténticas, superficiales y poco profundas.

Contraponiendo “virtual” a “real” se incurre en lo que se denomina “dualismo digital”. Esta visión dual y forzada constituye uno de los mayores obstáculos para comprender el significado que tiene la Red para los jóvenes de hoy. La Red es una realidad que los jóvenes valoran mucho para establecer relaciones. Es archiconocido por todos, la importancia que han adquirido las redes sociales (whatsapp, viber, snapchat, instagram, twitter, facebook e line) para intercambiar gratuitamente palabras e imágenes con el círculo de amigos, familiares, compañeros de escuela, de oratorio-centro juvenil y colegas de trabajo. En fin, también podemos ser inauténticos en la relación cara a cara, y plenamente auténticos en las redes sociales.

Por otra parte, la etiqueta “virtual”, en contraposición a “real” está siendo actualmente contestada por estudiosos del área, quienes prefieren el término “digital”.

Se ha de reconocer que somos los mismos “conectados” (online) que “desconectados” (offline). Estos son dos términos mucho más pertinentes que “real” y “virtual”, que no indican mundos separados, antagónicos, sino articulaciones diversas de nuestros contextos experienciales, relacionales y comunicativos.

A decir verdad, nuestras relaciones están amenazadas por la superficialidad en cualquier ambiente y no solo y exclusivamente por la tecnología, sino más bien a causa del individualismo que es muy anterior a la web. Este prejuicio ha engendrado muchas de las críticas que se hacen a Facebook.

Sostener el dualismo digital es una postura errónea. El digital y el físico son realidades cada vez más relacionadas. Facebook es cada vez más real, y el mundo es cada vez más digital. No se ha de elegir entre “online” y “offline”; una dimensión no quita necesariamente tiempo y rol a la otra, al contrario.

El ser humano es uno. Mas aún, no solamente no debemos, sino que no podemos separar material y digital, del mismo modo que como cristianos podemos distinguir, pero no separar materia y espíritu. La realidad, de hecho, es una: rica, diversificada, material e inmutable, jamás totalmente reducible al  aquí y al ahora, a la pura presencia física.

El Papa emérito, Benedicto XVI, en la 47 jornada mundial de la comunicación social del 2013, refiriéndose a este dualismo afirmó: “El ambiente digital no es un mundo paralelo o puramente virtual, sino que forma parte de la realidad cotidiana de muchos, especialmente de los más jóvenes. Las redes sociales son el fruto de la interacción humana”.

Otros sostienen que la web: “es solo para los jóvenes”, “los adultos no pierden su tiempo en esas banalidades”, “es una moda que también pasará”, “es algo irrelevante para la vida real”. Pensar que la web es solo cuestión de jóvenes es a lo que se llama “brecha generacional”. Todas esas expresiones están confirmando un grave error: “se puede vivir sin las redes sociales”. Quizás haya algo de verdad, pero esto nos es válido para un padre de familia, para un educador, para el estado, para alguien que siente a los jóvenes como su responsabilidad. Se ha de reconocer que los adultos no serán tan veloces como los niños, adolescentes y jóvenes en el manejo de las redes sociales, pero sí tienen el deber y la responsabilidad moral de acoger al menos la lógica a la que responde el nuevo ambiente, para poder comunicar y conectar con ellos. La brecha digital no es solo cuestión de acceso, sino y sobre todo de conocimiento.

Vivir las dinámicas de las redes sociales no significa jugar, sino vivir la realidad de la propia vida. El Papa emérito, Benedicto XVI, en su mensaje para la 45° Jornada de las comunicaciones del 2011 ha recordado que “las redes sociales muestran que uno está siempre implicado en aquello que comunica. Cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales”. En este mensaje Benedicto XVI claramente ha superado el dualismo.

Hoy no se puede ser educador si no se hace el esfuerzo por conocer el patio “mixto” en el cual los jóvenes se mueven con tanta naturalidad. Aquí no se trata de saber hacer, sino de comprender, por ejemplo: que hoy dar y recibir, producir y consumir, conocer y compartir, ser y participar, aprender y hacer, enseñar y asimilar no son opciones alternativas o prerrogativas de roles diferentes, sino que se asocian gracias a la lógica interactiva y participativa de la web.

Todo es así porque la web no es un instrumento. La Red es hoy una forma mental. La brecha digital no es pues un desnivel ante el cual haya que rendirse, sino un desafío que convine asumir para construir nuevas alianzas intergeneracionales, donde cada uno tiene algo que aportar y algo que recibir. Ciertas concepciones dualísticas no favorecen el desarrollo sano de la persona ¡Eres lo que publicas en las redes sociales!”

 

Por: José Pastor Ramírez Fernández, SDB

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